Gatos

LOS PERROS DE LA GUERRA DE MALVINAS

En este día tan especial, queremos rendir homenaje a todos los soldados caídos en la Guerra de Malvinas contando la historia de los perros que han sido enviados a combatir una batalla tan desigual como heroica.

Durante los meses helados de la guerra se destinaron al conflicto más de 18 perros de la División Canina, que combatieron junto a la Infantería de Marina y el Ejército. Fue el 7 de abril cuando los perros, que fueron enviados desde la Base Naval de Puerto Argentinos, pisaron el suelo malvinense, con el fin de impedir infiltraciones de comandos británicos en dispositivos de defensa argentinos. Según testimonios de los propios veteranos de guerra, los perros cumplieron una función imprescindible, ya que, a través de los aullidos, podían dar aviso de los bombardeos (sobre todo aéreos) a través de los aullidos. Esa no solo era la mejor alarma, sino la posibilidad de analizar y anticipar contraataques.

Hubo tres perros que fueron destacados (de los cuales uno ni siquiera era un perro de guerra). En los últimos días de combate se decidió el envío de perros a primera línea y fueron tres las parejas enviadas: los conscriptos Carlos Del Greco con Ñaro, Raúl Andicochea con Negro y Carlos Silva con Xuavia.

Los primeros dos (eran machos) nunca más aparecieron. Todos los esfuerzos por encontrarlos fracasaron y se presumió que ambos murieron en combate porque nunca fueron hallados sus collares. La única que regresó fue Xuavia. Ella estaba embarazada cuando partió a Malvinas, pero la noche del 13 al 14 de junio, luego de soportar un intenso bombardeo británico sobre las posiciones argentinas, la perra regresó junto a las tropas patriotas a Puerto Argentino, pero repentinamente se separó y corrió hacia la negrura de la noche. Horas después, la encontraron, pero no estaba sola, sino que fue encontrada dándole calor con su cuerpo a un soldado del Ejército Argentino que estaba herido, a quien llevaron al hospital.  De no haber sido por Xuavia, ese soldado habría muerto congelado y desangrado. Luego del conflicto, la perrita regresó a su base y dio a luz a nueve cachorros.

De la dotación de perros de guerra de la Armada veteranos de Malvinas, el que superó a todos en longevidad, el más viejo, fue Vogel, un ovejero alemán nacido también en Puerto Belgrano. Luego de la Gesta de Malvinas, este can presidió todas las ceremonias de la unidad, luciendo en su capa la condecoración de Veterano de Guerra de Malvinas. Al fallecer, el 1 de diciembre de 1991, fue enterrado en la Agrupación Perros de Guerra. Su tumba mira hacia las islas y es monumento en honor a todos los perros veteranos de guerra.

Según se supo tiempo después, estos perros tácticos no fueron los únicos que viajaron a las Islas Malvinas, sino que hubo otro, llevado por el Cabo Primero Omar Alberto Liborio, al que llamó “TOM” (por Teatro de Operaciones Malvinas), el perro artillero. Al poco tiempo, este perro se transformó en el ser más mimado y querido por los soldados, quienes lo ocultaban de los superiores.

En Malvinas, Tom se comportó como un bravo artillero. “Cuando tirábamos con la máxima cadencia de fuego hacia los británicos, él se paraba delante del cañón como el mejor de los combatientes”, han llegado a comentar. Siempre ladraba y jugaba con aquél que estaba “bajoneado” en los momentos de calma para darle ánimo y cuando había “alerta roja de bombardeo naval” era el primero en salir del refugio para buscar a los más alejados y el último en entrar a cubrirse.

Cuenta el Cabo Primero Omar Liborio,Grupo de Artillería 101:

El camión nos esperaba afuera, junto a mis soldados y los equipos. De pronto, sin esperarlo, se me cruzó entre las piernas un perro que estaba en la batería y había sido criado de muy cachorro por los soldados de la caldera. ¡Me hizo caer! Lo eché y seguí mi camino, pero el perro se volvió a cruzar y me volví a caer. Cuando me levanté le dije: Estás jodiendo,vos te venís con nosotros a Malvinas´.

Un soldado me preguntó :


– ¿Cómo se llama?

 -Desde hoy se llama Tom.

-Por qué Tom?

-Porque vamos al Teatro de Operaciones Malvinas.


Fue el más querido y mimado por todos. Nunca se separó de nosotros.Para que no lo vean los superiores,pasó de un bolso a otro o se lo tapaba con una manta. A veces estaba debajo de la campera de algún soldado,sacando sólo el hocico para respirar.Cuando no había peligro de ser descubierto, Tom corría feliz, mezclándose con los otros perros.


Tom era un soldado más movilizado del 101.

De Comodoro Rivadavia pasamos a Comandante Luis Piedrabuena, de ahí al aeropuerto de Santa Cruz, de ahí otra vez al aeropuerto de Comodoro Rivadavia. Luego de muchas situaciones comprometidas y de vuelos frustrados por los bombardeos ingleses, pudimos llegar a las islas. El avión tocó levemente el suelo y casi sin detenerse lanzó todos los pertrechos, cañones, munición, pólvora, un camión Unimog. La oscuridad era total y ya ahí tuvimos nuestro bautismo de fuego. Nos bombardearon. Explosiones, fuego, gritos y nosotros en el medio sin entender nada. Al día siguiente nos mandaron a nuestra posición; esa misma noche la flota inglesa nos bombardeó.


Hicimos nuestro refugio con partes de la pista de aterrizaje de los ingleses y lo tapamos todo con turba. Y allí anclaba Tom. Para que no tuviera frío, los muchachos le hicieron un abrigo con un pasamontañas de lana. Nuestro cañón era muy buscado por los ingleses, les molestaba. Nos bombardeaban día y noche, aviones y artillería. Cuando empezaban los bombardeos nocturnos, Tom empezaba a ladrar y nos sacaba del refugio.Cuando empezábamos a operar el cañón SOFMA,  se paraba delante mismo del cañón, como un artillero más. Y cuando la metralla nos acosaba, corría y ladraba, se paraba en la puerta del refugio y entraba cuando lo hacía el último.

Tom sufrió con nosotros todas las penurias del combate: hambre, frío,sueño, desesperación y agotamiento.


El 11 de junio,a las 11:15, como todos los días, nos atacó un avión, pero ese día lo hizo desde otro lugar, desde donde nunca había atacado. Cuando lo vimos fuimos a refugiarnos, mientras Tom corría como loco avisando a los demás. La bomba dió de lleno en el cañón. Lo destrozó, algunos de nosotros conseguimos escondernos debajo. Hubo varios heridos, incluyéndome. El asesino volvió a pasar, ametrallando todo. Como pudimos, buscamos a Tom. Estaba sobre una roca, malherido. Sus grandes ojos negros nos miraron a cada uno. Se estaba muriendo. No sé quién lo hizo y tampoco quiero saberlo. Lo sacrificaron. 

Fuimos trasladados al Hospital de Puerto Argentino. Allí quedaron para siempre nuestro cañón y Tom. Cuando volví al continente, en honor a él, todos los perros que tuve se llamaron Tom. En Malvinas, fue mi mejor amigo.”

Fuente: Antonio Emilio Falcón,”Malvinas,Ángeles sobre la turba”,Ediciones del Círculo Militar,2006.

 

 

 

 

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